Nos separamos, ¿y nuestros hijos?
Jul14

Nos separamos, ¿y nuestros hijos?

Ocurre. A veces la pareja considera que ya ha intentado todo para continuar con la relación y arreglar lo que está fallando, pero no es posible. Y se ven en la necesidad, de separarse, de romper la relación de pareja.

Si no hay hijos, el hecho de separarse, a pesar del dolor y duelo que genere a cada uno, puede resultar algo “más sencillo”, puesto que no hay descendencia común de la que ambos son responsables.

Pero si hay hijos puede complicarse por el hecho de que, sí o sí, va a tener que continuar la relación y comunicación entre ambos. Además los hijos merecen y tienen el derecho a estar y disfrutar con los dos.

Me gustaría diferenciar antes algunas situaciones, entre otras, que se pueden dar en los procesos de separación:

  • Que sea una decisión de mutuo acuerdo. Es decir, que ambos hayan decidido que lo mejor es dejar la convivencia y la relación de pareja. Esto, en principio, si también las cuestiones legales están claras, puede augurar que haya una relación cordial entre ambos.
  • Que no sea una decisión de acuerdo. Esto que es que uno de los dos lo haya decidido firmemente y el otro no quiera por las razones que sea. Esta situación a priori, hace más probable que no cesen los reproches, que los aspectos legales sean una lucha, que el camino no sea nada sencillos y que la existencia de una relación cordial sea tarea más que compleja.

Por supuesto hay muchos matices entre estas dos situaciones, pero ya habría que ver cada situación en profundidad.

Que la separación sea más “amistosa”, en principio, ayuda a que el camino de transición con los hijos sea más sencillo. Si es el caso de una separación por decisión unilateral, la hace, probablemente, más difícil, pero no imposible.

Quiero concretar que en este escrito me refiero a aquellos casos en los que, de forma general, no haya una problemática añadida como puede ser: adicciones (drogas, juego, etc.), malos tratos, o cualquier otra situación más drástica.

¿Qué podemos hacer para que los hijos no sufran más de lo “necesario”?

  1. No mentirles ni ocultarles la verdad. Ellos saben perfectamente que algo ocurre y, muchas veces, les intentamos ocultar lo que ellos perciben que pasa. Si ven discusiones frecuentes en casa, si ven que ya no se duerme en la misma cama (en caso de que antes se hiciera), si ya no se hacen actividades en familia,… los niños se dan cuenta de que está pasando algo raro… y es mejor contarles ambos las cosas adaptadas a su entendimiento. Eso sí, ¡contarles cuando la decisión esté firmemente tomada! No les ayudamos con la duda de: “ahora nos separamos, ahora no”. Una vez que lo tengamos claro, contárselo.
    Mientras tanto, intentar si hay discusiones o hay cosas que aclarar que sea en la intimidad de la pareja, y no delante de ellos. Ellos no tienen por qué ser testigos de reproches o de las faltas de cada uno.
  2. Tener clara la prioridad. Trabajar lo más conjuntamente posible en el momento de compatibilizar el interés propio que nace de las situaciones de separación con el hecho de que lo prioritario, lo que ambos padres desean, es que los hijos padezcan lo menos posible consecuencias negativas derivadas de esta, frecuentemente, desagradable situación. Se trata de hacerles, lo menos incómodo posible, el proceso; ofrecerles las soluciones (dos casas,  o períodos de tiempo con cada parte,…). Que nunca duden del amor de los padres hacia ellos y que nunca se puedan sentir responsables o culpables de lo que está ocurriendo. Los únicos responsables son los adultos.
    Si esto no es posible porque la situación es más “fea”, tener un mediador que sirva de nexo común. Teniendo y trabajando cada uno en que NO está bien usar el menor para hacer daño a la otra persona.  Esto es fruto de la frustración y el resentimiento y solo provoca más sufrimiento.
  3. Llegar a acuerdos. En los tiempos y formas de estar con los hijos. Si es posible, acordar unas pautas educativas comunes que sirvan de dirección para ambos. Esto ayudará mucho a los niños a sentir seguridad y a saber que hay hábitos y normas comunes en ambos sitios y con ambos padres. Del mismo modo, los compromisos y pactos, cumplirlos. Es importante que la base sea sólida, para evitar más enfrentamientos y que en esto haya confianza entre ambos.
  4. No hablar mal de la ex-pareja delante de los niños. Esto es fundamental. Hablar mal o criticar a la otra persona delante de los niños solo provoca daño e inseguridad en ellos. Y si sucede en repetidas ocasiones, es posible que aprendan que, al decir algo del padre/madre, el adulto se ponga a criticar al otro y así los niños puedan lograr lo que uno no les deja, o desviar la atención a otra cosa,… Es totalmente recomendable que lo que haya que hablar lo hablen los adultos, y no con los niños. Ellos no tienen esa responsabilidad, no se la carguemos nosotros.
  5. Los hijos no son “moneda de cambio”. Tener claro que los hijos quieren a sus padres por encima de todo. Eso no va a cambiar. De esta manera, hay que evitar posibles “chantajes” derivados de querer pasar más tiempo con ellos, o del miedo a que nos “dejen de querer” porque pasamos menos tiempo del deseado con ellos y darles todo lo que pidan. Educar y enseñar normas y hábitos no está reñido con pasar tiempo divertido juntos, aunque éste sea limitado en determinadas épocas del año.
  6. Respetar a la otra persona como ex-pareja y madre-padre de nuestros hijos. Se puede mantener una relación cordial y respetuosa con quien fue nuestra ex-pareja, por el bien común y, sobre todo, por el de los hijos. Hay que tener los límites entre ambos claros y buena voluntad que se deriva del hecho de ver a los hijos bien.
  7. Saber darse tiempo. El duelo o no de la separación es de cada uno y es personal. Por tanto respetar este tiempo de cada uno será básico para que luego, más adelante, se llegue a esa relación cordial deseada por el bien de los hijos/as.
  8. ¿Y si aparece una nueva pareja? Cuando esto ocurra, es el padre o madre quien ha de comunicarlo y contárselo a la ex-pareja y a los hijos. También, de la misma manera, es quien debe compartir con su nueva pareja cómo la situación y acuerdos con la ex-pareja, para que pueda sumarse a dichos acuerdos, si es posible. Hacer las cosas sin la intención de dañar a la otra persona es básico.
  9. Pero,¡¡no es nada fácil!! No, no lo es. Cuando sea muy complicada la comunicación entre la ex-pareja, la figura del mediador es fundamental, partiendo siempre del principio básico y fundamental de que ambos padres aman a sus hijos y desean que estén bien. Muchas veces, gracias a esa base, todo lo imposible, se vuelve complicado, para hacerlo cordial y posible. En estas situaciones, pedir ayuda, por tanto, es básico para la convivencia de los niños con los adultos y para que todo se desarrolle de la forma menos mala.

Si lo has leído, ¡ojalá te ayude y te haya gustado! Puedes compartirlo, comentarlo,… ¡todo es bienvenido!

¡Muchas gracias! 

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
www.psicopedagogiapardillo.es

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…De las dudas Educativas…
Jul05

…De las dudas Educativas…

¡Buenos días!

A través de la página de Facebook (https://www.facebook.com/ConsultoraEducativa2012) propuse la iniciativa de que los seguidores de la página que quisieran plantearan sus dudas educativas con este vídeo:

Agradezco la participación en esta iniciativa y empezamos a contestar a las preguntas que proponen.

  1. Sobre la concentración. 

 

2. Sobre las rabietas.

Próximamente habrá más…

¿Te apetece dejar tu pregunta? ¡¡Participa!!

 

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
www.psicopedagogiapardillo.es

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¡¡Qué me atiendas!!
Jun20

¡¡Qué me atiendas!!

Utilizo el genérico  femenino para referirme, siempre a ambos sexos.
En este texto,me estoy refiriendo a cualquier niña que no tenga

la condición déficit de atención con o sin hiperactividad.
Por supuesto, en estos casos resulta todo mucho más complejo.

 

¿Cuántas veces te descubres gritando a tu hija porque no te atiende como tú quieres que te atienda?

Ya sea haciendo sus deberes, cuando le hablas y no te escucha, cuando vais por la calle, cuando hay que cenar, cuando…

Hoy, simplemente me gustaría invitarnos a reflexionar sobre la atención…

¿Cuánto de atenta estás tú? Sí, una pregunta algo rara. ¿Cuánto de atenta estás tú cuando tu hija cuando te habla? ¿Cuánto de atenta estás tu cuando estás viendo la televisión? ¿O cuándo vas conduciendo y no puedes dejar de mirar el móvil? ¿Cuándo estás con la tablet/el ordenador? ¿Cuándo estás pensando en tus cosas? ¿Cuándo estás trabajando? ¿Cuándo me hablas y estoy con el whatsapp? ¿Cuándo tomamos café y estoy pendiente de si el móvil me da alguna alerta?,…

¿Realmente estamos con la atención plena en algo? ¿Sabemos ya las personas estar atentas a algo? Y lo que es más difícil… ¿podemos mantener esa atención un rato; y un rato largo, con paciencia y constancia?

Son algunas preguntas, que como adulta y como profesional del ámbito educativo, me planteo desde hace tiempo… Me las planteo para mí, y para el que ha sido mi trabajo con escolares.

Y la respuesta que me doy es compleja y se relaciona con varias cosas:

  1. No es justo pedir lo que yo no hago.
  2. Se supone que los adultos podemos estar concentrados. Se supone, solo.
  3. Tenemos tanta estimulación a nuestro alrededor que se nos hace muy complejo estar “a una cosa”.
  4. Tantos quehaceres que siempre corremos, de un lado a otro, de una tarea a otra, sin pararnos ni un segundo. Y, lo que es peor, sin disfrutar de nada, ¿cierto?

Si estás de acuerdo con estas respuestas e incluso puedes añadir alguna más,… estamos en disposición de seguir planteándonos aspectos y para entender cómo y cuánto de complicado es para una niña, y más en los tiempos que corremos, prestar atención y mantenerla.

Una pregunta interesante para hacernos,… es ¿les permitimos que aprendan a “estar sin más”, a no tener que estar haciendo algo porque sí? O, también por nuestra premura, ¿les instamos a hacer o ir apresuradamente a todo? Corriendo, ellas también siempre corriendo, sin pararse nunca.

Por otro lado,… ¿cuántos estímulos tienen hoy en día las niñas? Televisión con series y programas cada vez más activos, la tablet, el móvil desde que son bebés en la mano, la play, la wii, millones de juegos (que ni saben/sabemos que tienen), etc. Y van de una cosa a otra, corriendo, que es lo que les enseñamos a hacer desde la más tierna infancia. Incluso cuando algo les gusta, suelen cambiar rápido… sin aguantar tiempos prolongados haciendo la misma cosa. Todo invita a la rapidez.

Imaginaos cuando tienen que prestar atención si hacen o les pedimos que hagan cosas menos atractivas, como los deberes (y todas las horas que actualmente requieren), cenar sentada, leer, etc.

Quiero explicarme bien. No digo en absoluto que la responsabilidad sea nuestra, sólo me gustaría reflexionar en la parte que si tenemos (reitero que me refiero a la generalidad, y no en aquellas personas con déficit de atención, que es tema diferente).

¿Cómo podemos ayudar, desde “nuestra parcela”, a aumentar su atención?

  1. Dar ejemplo. Siempre. Si a nosotros nos cuesta, lo podemos trabajar. Cuando estés con ellos, estemos atentos 100% y con concentración plena.
  2. Cada vez que puedas evitar correr y el estrés, hagamoslo. La calma es parte importante del proceso atencional.
  3. Intentemos no hacer mil cosas a la vez. Y dedicarnos tranquilas a lo que estemos haciendo en ese momento.
  4. No les digamos las “100” cosas que tienen que hacer. Las instrucciones, mejor una a una. Así nos aseguramos que las harán y que no las olvidarán.
  5. Limita su exposición a la tecnología. Y favorece el juego autónomo y en compañía; puzzles, etc. La tecnología está bien, pero abusamos de ella. Incluso también, puedes intentar ponerte tú unas horas “sin móvil”. ¿Te atreves? 
  6. Reforcemos cuando mantienen la atención y están atentas a algo.
  7. No grites. El grito no ayuda nunca. Y entrena tu atención y la suya.
  8. Relajémonos y así nuestras hijas, también lo harán.

¿Te ha parecido interesante? Ojalá sí.

¡¡Gracias por leer!!

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
www.psicopedagogiapardillo.es

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Cuestiones sobre el acoso escolar
Feb23

Cuestiones sobre el acoso escolar

acosoNo podemos mirar hacia otro lado. No podemos hacer como que no va con nosotros. Puede pasar. Tu hija* puede ser acosada y, también, tu hija puede ser acosadora.

El acoso es responsabilidad de todos los agentes educativos, empezando por las familias, profesoras, políticas y medios de comunicación. Absolutamente todas las personas adultas tenemos nuestro papel en este delicado tema, que convierte vidas en pesadillas que incluso acaban en suicidios.

Familias

Constituyen el primer núcleo en el que se desenvuelve la niña. La familia, responsable de ir “llenando” su vida de aprendizajes que le serán útiles para vivir y convivir bien.

Algunos de estos aprendizajes son:

Respeto a lo que es diferente, a las distintas maneras de hacer las cosas, diferentes gustos, diferentes maneras de ser, a tolerar la frustración (no siempre podemos hacer lo que queremos, o tener lo que deseamos o a veces no nos salen bien las cosas), a aceptar que te digan que NO, a no usar la violencia (ni verbal ni física), a gestionar adecuadamente la IRA y a que se puede sobrevivir sin conseguir lo que se desea.

Del mismo modo en la familia, también, deben darse estos aprendizajes:

Respeto hacia una misma (los propios gustos, las propias maneras de hacer, el propio ritmo,…), a decir que NO, a saberse importante y merecedora de respeto y de amor. A cuidarse por dentro y por fuera. A relativizar, a quererse sobre todas las cosas. A elegir personas de confianza a quienes pedir ayuda y tener “hogar” al que acudir siempre, en confianza plena.

¿Cómo favorecemos esto desde casa?

Primero y más importante: el EJEMPLO, es con lo que más podemos enseñar. Si menospreciamos, si insultamos, si nos reímos de alguien por que sí, si nos enfadamos fácilmente, si gritamos, si hablamos mal a la pareja o a las hijas, estamos enseñando que eso se puede hacer y de poco servirá que les digamos “eso no se hace”; porque nuestro ejemplo enseña más que nuestras palabras.

Del mismo modo, si aceptamos que nos equivocamos, si respetamos nuestros gustos y los suyos, los ritmos, las peculiaridades de cada uno y priorizamos el respeto a una misma con cariño y compasión, les estamos transmitiendo bondad y amor por una misma y, nuestro ejemplo, favorecerá que ellas aprendan también a cuidarse así.

Evitar los juicios a las personas. No somos los jueces de nadie ni siquiera de nosotras mismas. Cada vez que vayas a emitir un juicio, muérdete la lengua. Así transmitimos que somos diferentes y que todas merecemos lo mismo.

Crear un clima de confianza en el que se pueda hablar de cualquier cosa, sin verdades absolutas, sin juicios, en el que se valoren opciones de actuación y posibles consecuencias, pero sin imposiciones. Así enseñamos a dialogar, valorar y ceder también. Habilidades básicas de convivencia y también de supervivencia.

Pedir ayuda es básico. Cuando se sientan mal, cuando no entiendan algo, cuando les haya ocurrido algo, o hayan visto algo que no les gusta… hacerles saber que pedir ayuda no es ‘ser menos’, si no que es lo contrario.

Teniendo claro las habilidades que son fundamentales para “sobrevivir” bien en estos “tiempos violentos” es básico. Y si las personas adultas también lo vivimos así, es mucho más fácil que lo aprendan.

Profesoras y Centros Escolares

Desde luego, tienen un papel importante también. De las docentes y del Colegio/Instituto depende la convivencia dentro del aula y en los patios. Entre sus funciones también está la educación en valores en este mundo cambiante en el que no hay dos personas iguales.

También están las medidas a tomar cuando ocurre algo en el centro. Y el no mirar hacia otro lado cuando vemos algo extraño. No decir nunca “es cosa de niñas”. Porque no lo es. Una broma deja de ser una broma cuando la otra persona no se ríe.

Tomar medidas y enseñar también a las estudiantes a no admitir injusticias y a quejarse de ellas. Hacer equipo para dar fortaleza a quien sufre o es víctima de alguna situación de acoso.

Medidas políticas

Imprescindibles. La educación es cuestión de estado. Y el acoso escolar hay que abordarlo también desde la ley educativa y desde las leyes penales, por supuesto. Cualquier agresión que se de ha de ser penalizada, y sí hay agresiones que no son físicas y que también hacen mucho daño. Estas, también deben ser tratadas. Hay responsabilidad política en esto y en regular los medios de comunicación también.

Medios de comunicación

Violencia, mentiras, desconfianza, sexo, agresiones, despechos, engaños,… Prácticamente todo (televisión, anuncios, videojuegos, dibujos animados, el uso de las tecnologías…) está lleno de valores que transmiten cómo ser “el mejor” dando igual a pesar “de quién”.

También son responsables de la sociedad que estamos creando, que no hacemos más que crear y crear más problemas y situaciones “anormales” nuevas. Porque no es normal que personas quieran agredir a otras, ni que lo hagan.

Estamos fallando, lo sabemos y no estamos haciendo mucho.

Es momento de cambiar. Y si es YA, mejor.

*En este artículo se utilizan palabras utilizando el genérico en femenino. Pero al igual que cuando utilizamos el masculino en genérico, me refiero tanto a ellos como a ellas. 

 

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

 

 

 

 

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La perfección es TRAMPA
Feb16

La perfección es TRAMPA

Es una trampa de nuestros días: la PERFECCIÓN. perfecionimperfecta-1000x520

Ser perfectas* trabajadoras, ser perfectas físicamente, ser perfectas madres, ser perfectas cocineras, ser perfectas para la pareja, ser perfectas pensantes, perfectas oradoras, perfectas escuchadoras, perfectas hermanas, amigas, etc. Vamos, lo que significa, ser un 10 en todo. Ser perfectas para encajar con el resto, para que el resto vea lo perfectas que somos. Y que nos quieran. 

He aquí varias trampas, propias y ajenas:

1. La perfección no existe, es algo así como una idea que flota en el aire y que nadie ha visto.

2. La perfección es enemiga de ser tú misma; puesto que cuando intentas forzar algo que no “te sale” o “que no eres”; te alejas de tu esencia y de tu verdadero ser y, por tanto, te aleja de ser auténtica.

3. La perfección, aparte de no existir, es tremendamente subjetiva. Nunca vas a ser “perfecta” para todos, por lo que siempre querrás serlo más y nunca llegarás. Porque a toda la gente NUNCA les vas a gustar (y, un secreto: no tienes por qué hacerlo)

4. La perfección es enemiga de cambiar y mejorar: implica que no apreciarás tus progresos y avances en cualquier área, puesto que nunca vas a llegar al listón que pones, cada vez, más y más elevado e inalcanzable, porque me repito, la perfección NO EXISTE.

5. La perfección te aleja de estar bien; la perfección estresa, agobia, te hace sentir pequeña, te hace creer que no vales, que no mereces que te quieran, te debilita, te coarta, te enrabieta,… te hace tremendamente infeliz (a tí y a tu entorno más cercano e íntimo).

6. Y la palabra “encajar” siempre… es lo contrario a pertenecer. Encajar, implica dar “gusto al mundo”. ¿Y qué hay de tí? ¿Realmente te has preguntado si has elegido hacer todo lo que te fuerzas a hacer por el resto? Pertenecer, sin embargo es saber perfectamente en qué sitios eres bien recibida por ser quién eres, con todas tus peculiaridades, rarezas, gustos, virtudes y defectos: con tu alma y tu esencia; y también tu historia y entresijos. ¿Qué buscas mayoritariamente: encajar o pertenecer? 

Te voy a decir una cosa:

NO ERES PERFECTA.
Y NO LO VAS A PODER SER.
DEJA DE INTENTARLO.

PORQUE ERES ÚNICA
AL SER COMO ERES,
POR SER QUIEN ERES
Y MERECES MUCHO AMOR.
(sin más)

¿Te apetece alejarte de ese ansia de perfección? A mí, pensar estas cosas, me ayuda…

a.  ERES HUMANA: tienes un sinfín de aciertos al día y también, sí, te equivocas. Y en cada equivocación está la oportunidad de reconocer, enmendar, de ser humilde y de saberte vulnerable.  Permitirte tener fallos es el primer paso y NO PASA NADA, de verdad.

b. PRIORIZA: Elige aquellas cosas que puedes aprender (no tienes que saber todo), aquellas que realmente quieres hacer, tus responsabilidades prioritarias,… Y disfruta de ellas. Y, por supuesto, proponte alejar de tí los medios de comunicación, los productos, la presión social de llegar a todo… No, eso NO SOMOS.

c. NADIE ES PERFECTO: de hecho podemos empezar a eliminar esa dichosa palabra del vocabulario y que nos aleja de la versión de nosotras mismas.  Elige qué personas realmente se merecen el derecho a gozar de tí, de tu vulnerabilidad y de tu esencia. Ellas son las que no te juzgarán y estarán ahí.
Sé consciente de toda la cantidad de personas que no importan y que no merecen que te frustres, ni que te agobies por el hecho de qué pensarán o dejarán de pensar. Sus juicios no son importantes, ni definen lo que tú eres.

d. DA PASOS PEQUEÑOS: plantéate objetivos pequeños, cambios asumibles, reales. Esto en cualquier faceta de tu vida, en las que quieras. Y date el derecho de crecer personalmente, profesionalmente, como madre, hermana, pareja, como tú,… a pasitos, sin prisas, sin exigencias, con ternura, compasión (con pasión, también) y con quien de verdad importe, contigo.

e. PIDE AYUDA: muchas veces esperamos que las personas que tenemos cerca hagan las cosas sin pedirlas. Y si no las pedimos, ellas no lo saben. No des por hecho las cosas; PREGUNTA, PIDE y AGRADECE.

*En este artículo se utilizan palabras utilizando el genérico en femenino. Pero al igual que cuando utilizamos el masculino en genérico, me refiero tanto a ellos como a ellas. ¡Gracias!

Gracias por leer, siempre.

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

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¡¡¡Que no se llora!!!
Sep22

¡¡¡Que no se llora!!!

¿Has visto o tienes cerca al “típico niño” que llora por prácticamente todo? te-lo-dije

Porque no le sale algo, porque alguien le dice que no, porque le quitan algo, porque quiere ver algo en la tele, porque quiere cenar otra cosa, porque le apetece una ‘chuche’, porque no juegan a lo que él quiere, porque no le dejan jugar, porque tiene que esperar, porque la sopa quema, porque está cansado, porque no le puedes coger en brazos, porque otro niño le ha gritado, porque no le dejan un juguete, porque le pegan, porque le ‘chinchan’, porque no consigue lo que quiere,…

Y además, su llanto parece ser de esos que se ‘clavan’ en los oídos y tienen la cualidad de cada vez que los oyes, solo consiguen que te en-rabietes y grites… “¡¡¡Qué dejes de llorar!!!, ¡¡¡Eres un llorón!!!” mientras te acercas muy enfadado  y con el dedo apuntando hacia tu hijo… ¿Te resulta esta escena familiar?

¿Para qué llora tu hijo? 

Tu hijo llora desde el nacimiento. A través de él te dice que “ha nacido” bien y hasta que es capaz de hablar te va informando de su estado. Si tiene hambre, sueño, pis/caca, si está asustado… Y nosotros, los adultos, vamos respondiendo a ese estado, generalmente, satisfaciendo esa necesidad y dando mucho cariño y amor. El llanto es una llamada de atención, que nos dice al adulto, ¡Eh, mi hijo necesita algo! Y corremos en su busca.

Conforme van creciendo, el llanto sigue siendo el primer recurso utilizado para mostrar el malestar, que puede venir de la fuente que sea; un objeto, otra persona, uno mismo… y también una respuesta al dolor, al miedo, etc. El llanto, como recurso para decir ¡algo me está pasando y no sé que hacer, solo sé llorar!

Identifica el tipo de llanto

Identificar el tipo de llanto del niño es fundamental para poder dar respuesta a él. No es lo mismo el llanto del dolor (por una caída, por estar enfermo,…) o del miedo (por temor a que ocurra algo desagradable) que el llanto por desear algo que no tiene, por que le digas que no, etc.

El primer tipo de llanto es necesario aliviarlo cuanto antes, porque es una NECESIDAD fisiológica y de seguridad. Y el niño necesita saber que donde está es sitio SEGURO.

El segundo, si siempre le cedemos la cara, por evitar el malestar del niño (y que nuestros oídos estallen) dándole lo que pide o prestándole toda la atención que demanda, le estamos mostrando que para hacer frente a su malestar y que le “solucionen” lo que ocurre, lo mejor que puede hacer es expresarlo (es como mostrarle que para qué va a aprender otras estrategias de hacer frente a las cosas, si puede llorar y más tarde o más temprano, con más o menos enfado,… logrará lo que quiere).

¿Cómo podemos actuar?

Lo primero y más importante es disponer de una(s) estrategia(s) y que las utilicemos SIEMPRE. La coherencia enseña más que cualquier cosa. Y, si a veces actuamos de una manera y otras de otra diferente, no dejaremos a nuestro hijo aprenderlo.

Somos humanos, nos equivocaremos y no pasa nada, porque tenemos claro lo que queremos y que sobre todo está el AMOR hacia el niño. Y admitirse imperfecto también ayuda al niño a hacer frente a muchas cosas.

Aquí van unos consejos para afrontar el segundo tipo de llanto (el de las rabietas, frustración, etc.)

1. AMAR, AMAR, AMAR. Y COMPRENDER que son niños y que necesitan tiempo y guía para aprender. Este es el principio y fin de todo.

2. Mantener la calma (El primero… ¡¡y el más difícil!!). Si el adulto se pone nervioso también… ¡se consigue es lo contrario a lo deseado!

3. Ofrecer instrucciones claras: “Necesito que te calmes para poder hablar contigo” Y por muy duro (para los oídos y persona) aguantar lo que dure el llanto, sin estar encima de él ni repetirle lo que ha de hacer… De vez en cuando con serenidad, podemos repetir “Necesito que te calmes para poder hablar contigo”.

4. Según la situación y el temperamento del niño este proceso puede tardar más o menos… (cuanto más estable sea esta respuesta, menos tiempo durará cada vez la rabieta). Cuando está calmado, sin enfados, nos acercamos e intentamos hablar de lo que ha pasado. Expresar las emociones es FUNDAMENTAL y hablar de cómo nos sentimos (ellos y los adultos).

5. Ofrecerle una alternativa. Cuando te vuelva a pasar, ¿qué puedes hacer en vez de llorar? (A fin de cuentas el primero que no está bien cuando llora es el propio niño).

6. AMAR, AMAR, AMAR. Y COMPRENDER que son niños y que necesitan tiempo y guía para aprender. Este es el principio y fin de todo.

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

Nota: En el texto, se utiliza el masculino para referirnos tanto al sexo masculino como femenino, para evitar la repetición excesiva de niños/as; hijos/as, que se haría muy extensa.
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