¿Qué pasa cuando los padres no están de acuerdo en la manera de educar?

ComparteShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn

Acuerdo_DesacuerdoMuchas veces puede ocurrir. Perdemos los nervios. Con nuestros hijos/as. Con nuestra pareja y, también, con nuestra pareja delante de nuestro/a hijo/a para mostrar el desacuerdo con la forma de actuar del otro.

¿A que nos referimos exactamente al hablar de “perder los nervios”?

Sobretodo, a aquellos momentos en que reaccionamos expresando de una manera inadecuada nuestro enfado, ira o nervios, mostrándolo mediante un ataque verbal al otro. Generalmente esto, lo acompañamos con gestos que también lo demuestran (mirada y gestos más agresivos en nuestra forma de movernos y de hablar). Gritos, reproches, castigos desorbitados, recriminaciones, etc. En definitiva, frases que no diríamos al estar tranquilos…  Frases hacia nuestro/a hijo/a; pareja o hacia nosotros mismos. Frases que, al rato, desearíamos no haber dicho.

Aquí nos referimos a lo que comúnmente llamamos “quitar autoridad o desautorizar al otro”. Por supuesto que no siempre se está de acuerdo con la manera de proceder de la pareja con los hijos/as o en la manera de educarles. O incluso en ocasiones los padres no tienen la misma visión para enfrentarse a las situaciones o posibles dificultades de los hijos/as.

Podemos considerar en torno a esto:

– Que uno de los padres no vea de la misma manera que el otro/a las dificultades. Hablamos, por ejemplo, de dificultades académicas, sociales, emocionales, atencionales, etc. Cuando uno de los dos padres siente que da todo para ayudar a su hijo/a y que la pareja muchas veces muestra su reprobación, su malestar con las actuaciones,… ambos progenitores acaban con un grado de malestar muy alto. Malestar que, no olvidemos, se le transmite directamente al hijo/a.

En este sentido proponemos:

– Si hay un informe Profesional que confirme dichas dificultades es ya una garantía para que la pareja pueda sentar bases y acuerdos sobre las actuaciones y cambios en la educación. Si no hay informe y ya había desacuerdos, es más fácil que cada padre/madre tienda a reafirmarse en sus creencias, minusvalorando las del otro.

– Pese a que uno de los padres vea más dificultades que el otro, es importante sentarse y establecer un plan de acción con el chico/a. Hacer un plan basado en actuaciones conjuntas y, por ejemplo, qué aspectos puede trabajar más en profundidad cada uno (por ejemplo: uno/a con los deberes, otro/a con el baño y cenas…) teniendo claro lo que queremos conseguir.

Seguro que no resulta extraño leer que cuánto más de acuerdo estén los padres en lo referente a la educación (quizá uno/a más punitivo/a y otro/a más sobreprotector/a o permisivo/a…) de sus hijos/as, más coherencia percibirán éstos y será más fácil que aprendan a responder de una determinada manera. Pero esto no siempre es fácil. En ocasiones, a veces demasiadas, nos encontramos nerviosos por la forma de proceder de nuestra pareja con los niños/as, contra-diciéndole delante ellos, corrigiéndole o, eliminando, en ocasiones, consecuencias o castigos.

¿Qué ocasionan estos actos repetitivos en los niños/as?

– Que no desarrollan hábitos y maneras de actuar coherentes. Ya que unas veces ocurre una cosa y otra, ocurre otra.

– Que su comportamiento o conducta acaba con una discusión parental.

– Que aprendan que uno de los padres dice una cosa y otro dice otra distinta y que, al final, podrá hacer lo que desea.

– Aparecen castigos y levantamientos de los mismos casi al mismo tiempo.

– El niño/a ve cómo los padres se quitan autoridad los padres entre ellos por lo que, aprenderá a hacerlo también.

– Que el niño/a tenga que siempre uno de los dos padres “gana”.

– Que aprenda a cuestionar la autoridad de los padres.

Además esto genera malestar en la pareja ya que, entre otros aspectos:  

– Uno de los dos siempre se siente cuestionado/a.

– Se siente desautorizado/a y que se le ha faltado el respeto.

– Discuten, se enfadan.

– Si no se gestiona de manera adecuada puede provocar más malestar e incomodidad en la pareja y afectar a más áreas de su vida como pareja.

– …

Y, ¿cómo se pueden afrontar de una manera más eficaz esos desacuerdos entre los padres/madres a la hora de educar a los hijos/as? 

1. Lo más deseable es llegar a acuerdos en, al menos, algunos aspectos claves de la educación de los hijos: por ejemplo hábitos de higiene, rutinas de horarios, responsabilidades,… Cuánto más de acuerdo estén ambos padres más coherencia habrá en todo el proceso y se producirá una mayor interiorización por parte del niño/a.

2. Intentar NO mostrar el desacuerdo cuando esté el niño/a delante. Si es la madre, por ejemplo, la que se está enfrentando a una situación concreta con el niño/a, es necesario intentar que el otro progenitor no se inmiscuya, que permanezca alejado y que si el hijo/a le dice algo su respuesta sea “lo estás arreglando con tu madre; es con ella con quien has de hablar”. Una vez haya finalizado la situación se puede hablar sobre lo acontecido SIN el niño/a delante. Solo los padres. En este momento es cuando se puede expresar el desacuerdo, las razones y siempre, intentar llegar a acuerdos para dar más coherencia, seguridad y estabilidad a los hijos/as.

3. Evitar enfados desmesurados, gritos o menosprecios al niño/a y a la pareja. Las cosas cuando se hablan y se actúa desde la tranquilidad y el amor tienen mucho más efecto que cuando se actúa desde la crítica o el juicio. Además, cuando mostramos desacuerdo también podemos mostrar comprensión y amor hacia el otro. Esto hará que el otro reciba el comentario de una manera más receptiva y pueda, si es necesario, considerarlo y cambiar su forma de actuar.

4. El rencor o el recuerdo de estas situaciones solo genera malestar. Una vez hablado, considerado y cerrado, ¿para qué volver a abrirlo? No tiene sentido.

5. Ante acontecimientos importantes en la vida del niño es preferible primero hablar entre los dos padres para ver cómo se va a reaccionar y responder. Al dedicar tiempos a establecer planes conjuntos de actuación y a llegar a acuerdos más fácil será todo tanto para los padres como para los hijos/as.

Es un esfuerzo, sí. Pero puede ahorrar muchos momentos incómodos entre parejas e hijos, ¿no creéis?

¿Te atreves? Y si no podéis u os cuesta, no dudéis en pedir ayuda y recibir algunas sesiones de Coaching Familiar. #Cambiaelchip #Sepuede

¡Muchas gracias por tu lectura! Si te apetece comentar o debatir ¡tu comentario será bienvenido!

 

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

ComparteShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn

Author: Admin