Estilos Educativos (Parte IV): Modificando formas de actuar

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FOTO PADRES HIJOS FLAQUEZASEsta es la última parte de la serie de entradas sobre los Estilos Educativos en la que, una vez “sospechado” el estilo o los estilos educativos predominantes que tenemos a la hora de educar, se van a proponer unas líneas o consejos para su modificación y el acercamiento al estilo más asertivo. Recordamos que en la primera entrada vimos qué son los estilos educativos y qué importancia tienen en el desarrollo del niño/a. En la segunda entrada nos centramos más en el estilo Sobreprotector y Punitivo y qué consecuencias pueden tener con el paso del tiempo y, en la tercera entrada, profundizamos en los estilos Inhibicionista y Asertivo.

Pues bien, ahora que tenemos presente estos estilos y cuál o cuáles son los nuestros, ¿cómo podemos aproximarnos a un estilo más asertivo?

Es claro que el niño/a nos necesita para aprender. Depende de nosotros. Nosotros somos responsables de él/ella. Tenemos la responsabilidad de enseñarles, de educarles y de mostrarles lo que es adecuado para la supervivencia, para el trato con los demás,… y lo que no lo es.

Esto es un proceso largo, complejo y costoso. A la vez que puede ser la experiencia más gratificante, generosa, desinteresada y amorosa que puede existir.  Se puede, y es recomendable, aprender a disfrutar de cada paso del proceso, aunque se den situaciones complicadas. Sabemos que educar es complejo y que requerirá sobre todo de dosis infinitas de PACIENCIA, COMPRENSIÓN y AMOR.

¿Qué pensamientos nos pueden ayudar a que tomemos conciencia de que podemos ir modificando nuestro estilo educativo?

Todos aquellos pensamientos que nos acerquen a los comportamientos asertivos (respeto a uno mismo y respeto a los demás) -Sobre el respeto os dejamos este audio que dura 7 minutos en el que la Prof. Angela Magaz ofrece una visión que invita a hacer una profunda reflexión sobre si respetamos verdaderamente… –

Aquellos pensamientos que nos acerquen al estilo asertivo y nos alejen del sobreprotector, inhibicionista y punitivo son los que podemos empezar a cultivar. Cambiando nuestra visión del proceso educativo y de nuestro hijo/a podemos ir viendo qué aspectos concretos necesitamos modificar. Esto exige cierto esfuerzo, coherencia y constancia (a la vez que darnos el derecho a equivocarnos) pero, ¿no lo merece la educación de tu hijo/a?

1. Tu hijo/a aprenderá despacio. 

La prisa es mala consejera en muchas ocasiones, pero más cuando se trata de aprender.  No podemos esperar que el niño/a aprenda lo que le decimos a la primera (si lo hacemos nos frustraremos, nos pondremos nerviosos y “lo pagaremos” con el niño/a)

2. Tu hijo/a es diferente a tí.

Tiene sus características, peculiaridades, gustos, preferencias, temperamento, ritmo,… Y NO podemos cambiar lo que ES. Sí que podemos cambiar lo que HACE (mediante las consecuencias). Pero lo que es, lo que somos, no lo podemos cambiar. Solo ACEPTARLE (aceptarnos) y QUERERLE (querernos) tal cual es (tal cual somos). Y además, decírselo siempre.

3. Tu hijo/a se equivocará. Y no lo hará una vez, lo hará miles… 

El niño/a, por naturaleza y hasta que va creciendo… solo tiene en cuenta sus necesidades y deseos; preocupándole solamente él… Esto es completamente lógico y natural. Por lo que cada vez que se le pida algo que va contra sus deseos o gustos, se le corrija, se le exija algún comportamiento… puede entrar en procesos de rabia, rabietas, enfados, insultos (dependiendo de la edad), chantajes emocionales (“no te quiero”)… Esto dependiendo también del temperamento del niño puede ser un proceso de aprendizaje más o menos costoso…  Si pensamos que nuestro hijo/a está aprendiendo y que cada equivocación o “reto al adulto” es una oportunidad para que continúe aprendiendo… nuestra paciencia irá aumentando. Los GRITOS, AMENAZAS,… NO EDUCAN, NI ENSEÑAN (solo conseguiremos que el niño/a nos imite…) Si le permitimos equivocarse y aprovechamos esas equivocaciones para que aprenda, las viviremos de manera más calmada, podremos actuar con la mente más “fría” y sin dejarnos llevar por el enfado o los nervios del momento.

4. Tu hijo necesita Normas Claras, Coherentes y Sencillas. Y consecuencias. 

Las normas y los límites ayudan a crecer. Y además las normas, los límites y las consecuencias a los comportamientos ofrecen al niño la posibilidad de predecir lo que va a pasar. Y esto no hace otra cosa que aumentar su sentimiento de SEGURIDAD. Los niños necesitan seguridad y poder saber lo que va a ocurrir. Y, en un ambiente donde cada día se reacciona de una manera, donde a veces se le deja hacer cosas y otros días no… donde a veces se le regaña y otras no… resulta imposible predecir nada ni sentirse seguro. Si trasmitimos al niño lo que esperamos que haga y le añadimos una consecuencia agradable estaremos sentando los pilares para que ese comportamiento se repita y se repita hasta que ya sea un hábito y ya no sea necesaria “la consecuencia agradable”. Si además, conforme va creciendo (3 años) le damos la posibilidad de que él pueda elegir (“ya sabes que si haces esto, haremos esto que te gusta. Y si no lo haces, no lo podemos hacer. Ahora tú tienes que elegir lo que quieres”) estaremos además educando en qué vaya responsabilizándose de sus decisiones y de las consecuencias de las mismas… Sí, esto se hace desde que son pequeños. Es la única manera de aprender. Y, hasta los 6 años, los niños SOLO aprenden por las consecuencias de sus comportamientos (no pueden seguir razonamientos, ni reflexionar, ni pensar… Su estructura cognitiva no está desarrollada para ello), por lo que en nuestra mano está enseñarles.

Estas consecuencias deben ser coherentes con la edad y gustos del niño, constantes (darse siempre, sobre todo al principio) y estables en el tiempo (es decir reforzar el comportamiento SIEMPRE. No hoy sí, mañana no…)

Al reforzar un comportamiento estamos garantizando que se va a repetir (al no reforzarlo estamos favoreciendo que no se vuelva a repetir. De ahí la importancia de no reforzar los comportamientos no deseados). El refuerzo o la consecuencia puede ser de cualquier tipo: Verbal: ¡Qué bien lo has hecho! ¡Cómo te has esforzado! ¡Me encanta! Tiempo: Jugar un rato a algo; jugar juntos, leer un cuento, hacer alguna actividad juntos, invitar a un amigo… Más material: Algún regalito simbólico, ver la tele, jugar con la videoconsola,…

5. Tu hijo/a necesita que le ames SIEMPRE

No hay nada más sano que sentirse amado sin condiciones. Sentirse amado simplemente por ser quién se es. Independientemente de lo que haga la persona. Se la ama porque es él/ella, por lo que es. Los niños necesitan esto. Saber que aún cuando se equivocan, aún cuando hacen algo mal, aún cuando se enfadan, pegan,… se les quiere igual. Y por que les queremos muchísimo y lo hacemos hagan lo que hagan es necesario establecer consecuencias que a lo mejor no les gusten o que les cuesten.

Pero con el amor no se negocia. Y ellos deben tenerlo claro. Nunca se les va a querer menos por nada.

Ahora bien,… es posible que veas dificultad en estos aspectos… Es complejo, sí. Y requiere esfuerzo. Pero poco a poco y con avances progresivos se va consiguiendo y además se vivirá el proceso educativo (tanto los padres/madres como los hijos/as) con mucha más tranquilidad, sosiego, disfrute y bienestar. 

De la misma manera… estos consejos podemos aplicárnoslos a nosotros mismos y también iremos aumentando el respeto hacia nosotros mismos… Tenemos derecho a equivocarnos, aceptarnos tal y como somos, querernos tal cual somos…  Al practicarlo con nosotros y con los demás iremos consiguiendo que se vaya convirtiendo en nuestro modo habitual de vivir… Estaría bien, ¿a que sí?

¿Qué te parece? Creo que en estas líneas tenemos suficientes aspectos para reflexionar y hacer una valoración personal de aquellos aspectos en los cada uno podemos dedicar más tiempo, esfuerzo…  Que, como comentábamos antes, bien lo merece la educación de nuestros hijos/as.

¡¡Gracias, siempre, por leer hasta aquí!!

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo

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Author: Admin