La difícil tarea educadora y cómo hacerle frente

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001Sí, amigos lectores. No os sonará a nada nuevo cuándo digo que educar es difícil, ¿verdad?

– A veces parece que las situaciones te sobrepasan, que no puedes más, qué vas a gritar… y en estos momentos el niño/a sigue queriendo “un poco más”, ¿os resulta familiar? 

– ¿Y cuando le castigas y tienes la sensación de que nada funciona con tu hijo? ¿Qué todo le da igual? ¿Qué nada le hace cambiar? ¿Que no obedece?

– ¿Y cuando las discusiones parecen no terminar? Y podíamos añadir otras muchas escenas… que a lo mejor ya se os están viniendo a la cabeza… (comidas, baño, dormir, juego, tareas,…)

¿Cómo podemos sobrellevar mejor  estas situaciones? ¡¡Empieza el cambio!! ¡¡Es posible!! ¿Qué podemos ir haciendo? Aquí presentamos 5 claves: 

1. Quitarse la “losa” de la “culpabilidad” ayuda mucho. Somos responsables de algo y culpables de nada. Desde esta perspectiva, EQUIVOCARSE es completamente natural e incluso necesario para avanzar.  

Así, mientras no nos perjudiquemos a nosotros ni a los demás, tenemos derecho a estar enfadados/as, a ponernos nervioso/a, a que no nos apetezca a hacer algo, a decir que no, a cambiar,… (sabiendo y aceptando que el otro tiene también esos mismos derechos) Y, como personas que somos, no es recomendable tener nuestro listón en la perfección, porque caeremos en la trampa de no alcanzarla nunca y así viviremos frustrados y sintiéndonos mal por no hacerlo todo lo perfecto que queremos.

2. Si entendemos que el niño/a es eso, un niño/a que está ansioso por probar, por investigar, por ver hasta dónde puede llegar, por conocer los límites (la mejor manera de conocerlos es retándolos), por aprender de los mayores (aprende más de lo que hacemos que de lo que decimos),… será más fácil que podamos mantener la paciencia en momentos “complicados”. 

Teniendo claro y contando con que el niño/a nos necesita para aprender, que se va a equivocar y que nos va a intentar “retar”,  podremos hacer frente de una manera algo más sosegada a sus peticiones, demandas, llamadas de atención, etc.  Los padres y adultos, somos responsables de enseñarle lo que nos gusta que haga y lo que no, así como de que vaya conociendo aquellas cosas que están permitidas y cuáles no.

3. El niño necesita límites. Y que sean lo más claro posibles. “ESTO SI, ESTO NO”. Los límites no solo enseñan aquello que es deseable hacer y aquello que no lo es. También cumplen una función fundamental:  la de dar SEGURIDAD al niño/a y favorecer que se sientan queridos.

Desde que el niño nace estamos poniendo límites (alimentación, baño, sueño), las rutinas, etc. Los límites deben ser claros y sencillos (adecuados a cada edad) y deben estar asociados a hábitos de comportamiento que se consideran deseables para, también, favorecer la autonomía del niño.  Los límites han de ser constantes, no pueden ir cambiando todo el rato…

4. ¿Cómo conseguimos que vaya interiorizando los límites? 

Explicándole tranquilamente lo que queremos que haga y lo que no. Contándole lo que va a pasar después. Si hace lo que es deseable, inmediatamente REFORZAMOS esa conducta (¡Muy bien! ¡Qué bien lo has hecho! ¡Cómo me ha gustado que lo hayas hecho!…) Haciendo esto aumentamos al 100% las posibilidades de que ese comportamiento se repita. Cuando no lo hace, no se refuerza, no se le da atención, se ignora (si no ha hecho daño nadie) y se le recuerda lo que tiene que hacer (sin enfados, entendiendo que es un niño/a que está probando…)

5. PACIENCIA, COMPRENSIÓN, Y AMOR, AMOR, AMOR INCONDICIONAL 

Paciencia ante los fallos, los errores, las “tomas de pulso”, las rabietas, las llamadas de atención… Conseguiremos mucho más si con paciencia y firmeza le recordamos lo que queremos que haga, será mucho más fácil que lo haga.

Comprensión, de la que venimos hablando. Comprender que es un niño/a y que como niño/a no puede razonar como nosotros, no se puede comportar como nosotros, tiene un temperamento y características personales, que tenemos que respetar…

Y, el amor , que ha de ser incuestionable. Y así se lo tenemos que intentar transmitir. El mensaje que ha de quedar claro es que “Te quiero hagas lo que hagas” y “nunca vas a perder mi cariño”. Esto da una estabilidad emocional y seguridad al niño muy grande.  Las consecuencias establecidas para los comportamientos deseados y no deseados son, por decirlo de alguna manera, independientes a la “cantidad” de amor (“no te quiero menos cuando haces algo mal”).

Hasta aquí 5 consejos que pueden ayudarnos en la tarea educativa con los más pequeños. Seguiremos en esta línea en las próximas publicaciones. ¡¡Hasta entonces, feliz día!! ¡Gracias por pasarte por esta entrada!

 

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

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Author: Admin