Las “autoridades” advierten que ciertos hábitos educacionales perjudican seriamente…

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oppssErrar es humano. Todos tenemos derecho a equivocarnos. Y todos somos responsables (que no culpables -a menos que con lo que hagamos tengamos la intención de dañar a otros-) de las decisiones que tomamos y, por tanto, es necesario asumir las consecuencias de nuestras decisiones… En todos los ámbitos de la vida, pero sobre todo, en el que aquí nos ocupa… La Educación de nuestros hijos/as.

Y aquí vamos a considerar tres situaciones que,  por nuestra experiencia profesional, vemos que se repiten en muchas familias y, pese a que todos actuamos pensando en el bien de los pequeños/as, pueden confundir a los niños/as favoreciendo que se instalen con los padres/madres y/o situaciones hábitos inadecuados que, conforme pasa el tiempo, son más difíciles de cambiar.

Sin más, comenzamos:

1. “ESTO CON MI HIJO/A, NO FUNCIONA” 

Hoy en día parece que todo lo que queremos tiene que ocurrir “ya”. Rápidamente.  Y sabemos que no es así. Las cosas requieren tiempo, esfuerzo, dedicación, responsabilidad… Y más de todas ellas, requiere el proceso de EDUCAR. En la educación nada funciona rápido y ya. Y nada que ocurra de manera desorganizada tiene los resultados esperados.

En consulta nos encontramos frecuentemente a padres y madres que afirman que “lo he probado todo y nada funciona, no consigo que mi hijo obedezca, se esfuerce…”. Al proponerles una forma de actuación… dicen: “Eso, ya lo he intentado y nada; si es que con mi hijo nada funciona…” 

Ahora bien analicemos estas frases con detalle…

“Con mi hijo/a nada funciona…” ¿De verdad? ¿Ya has dado a tu hijo por “perdido”? ¿No hay nada que puedas hacer por él? ¿Quién es el mayor responsable, tu hijo/a? ¿De verdad?  Estoy quizá poniendo las frases más “duras”, pero muy ilustrativas… Los padres nunca quieren decir que dan la situación por “perdida”, pero con afirmaciones tan catastróficas lo único que hacemos es poner freno a cambiar. Y es que para que cambie el niño/a han de cambiar los padres. Forzosamente. No puede haber otra manera. Entonces, ¿no es más bien el rechazo al cambio de los padres/educadores? 

“Eso ya lo he intentado y nada…” No cabe duda de que lo han intentado, han intentado un sinfín de cosas y es probable que hayan intentando cosas parecidas a lo que nosotros les proponemos… Ahora bien, ¿cuánto tiempo lo han puesto en marcha? ¿Cuánto tiempo habéis mantenido los refuerzos? ¿Y las consecuencias? ¿¿Una semana?? ¿¿Días sueltos?? 

Educar y cambiar requiere TIEMPO, CONSTANCIA, COHERENCIA, PACIENCIA, COMPRENSIÓN y AMOR. Tiempo y Paciencia van de la mano. No se consiguen cambios en un día, ni en una semana… Si un día respondemos de una manera y al día siguiente de otra… no estamos ayudando al niño/a a que sepa lo que es deseable que haga, sino que le estamos diciendo que puede comportarse de cualquier manera y que a veces responderemos de una manera y otras de otra…

Por lo que responsabilizarnos (somos los RESPONSABLES de educar) y planificar la forma en la que queremos educar a nuestro hijo/a, dirigirnos a ello, mantenernos lo más constantes en el tiempo y utilizar el cariño incondicional y el refuerzo… son “seguros” de ir en buen camino… y así podremos “luchar” contra esas falsas verdades de…

Ya no sé qué más hacer…
Vivo desesperada/o…
Nada me sirve…
Soy incapaz de hacerme con mi hijo/a…

2. RAZONES, ¿son necesarias? 

Empezamos este punto con un ejemplo:

Niño; tres años. Clava a su hermana mayor un tenedor en el brazo. Los padres le regañan le quitan el tenedor y se lo llevan a su habitación. El niño empieza a llorar desconsolado. Van a por él. Le ponen en la mesa y le dicen que le van a volver a dar el tenedor de plástico, el de niños pequeños porque no se pega ni se clava el tenedor de mayores. El niño rompe de nuevo a llorar diciendo que se va a portar bien, que no va a pegar más, que quiere el tenedor de mayores… Le dicen, “Hacer lo que has hecho no está bien, si lo vuelves a hacer te daremos el tenedor de plástico”. Y le dan de vuelta el tenedor de mayores.

¿Qué es lo que ha aprendido el niño en todo este proceso? Tras el mal trago que han pasado los padres (porque ha pegado, porque podía haber hecho a su hermana mucho daño, por aguantar los llantos de los dos,…), el niño ha aprendido que: pega a su hermana, obtiene la atención de sus padres (que, aunque enfadados, se centran en su comportamiento y en decirle que eso no se hace…), y además llorando consigue que no le quiten el tenedor… “Moraleja en el niño: Seguiré haciendo lo mismo porque haciéndolo consigo lo que quiero”. 

¿Os suena familiar? Es una situación cotidiana, y pueden darse similares cada día… Y muchas veces suelen acabar así… ¿verdad? Lo que no nos es tan explícito es lo que hemos denominado “moraleja en el niño”, ¿verdad?

Y, ¿cuántas veces nos sorprendemos razonando y explicando las cosas a niños pequeños como si fueran mayores y nos entendieran? ¿Qué es eso de ‘portarse bien’?  Eso de ‘no está bien que hagas eso, porque las personas se sienten mal’… Los niños (los menores de 6 años) no tienen desarrolladas las estructuras cognitivas para comprender y seguir razonamientos… aprenden solo y solo por las CONSECUENCIAS que tienen sus acciones. Si lo que hago (digo) me da consecuencias que me gustan (palabras de ánimo, cariño, tiempo de juego,pegatinas…) lo repetiré. En cambio, si lo que hago NO me da consecuencias que me gustan (no me dan palabras de ánimo, cariño, tiempo de juego,…) e incluso me pueden castigar sin atención, sin juego… NO lo repetiré. Así de simple y a la vez así de complicado…. Ya que entre medias pueden pasar muchas cosas (condicionados por los estados variables en el ánimo de los padres, cansancio, agobios,…) que hacen que se responda de manera precipitada, alterada, desmesurada, gritos, azotes,…o  por el contrario… que sin quererlo se refuerce un comportamiento inadecuado…

Los padres/madres (como todo el mundo) tenemos derecho a estar cansados, enfadados, agobiados,… y el derecho a equivocarnos, por supuesto. Y reconocerlo. Y al ver que un niño/a depende de lo que hagamos nosotros es cuando se nos “abren las carnes” pensando en aquellas cosas en las que podemos “meter la pata” por dejarnos llevar por nuestro estado, situación, etc.

Lo mejor es intentar tener lo más claro posible que comportamientos son los deseables para nuestro hijo/a (fundamentado en su bienestar, aquello que le va a ayudar a estar bien consigo mismo y con los demás) y a partir de ahí REFORZAR SIEMPRE (sobre todo al principio) que se den esos comportamientos o que haga lo que se desea (que recoja,…). Así esos comportamientos tenderán a repetirse. Y, cuando no se de ese comportamiento, no se refuerza y si es un comportamiento nada deseable se castiga (el “peor” castigo es quitar la atención para los niños. Podéis ver aspectos importantes del castigo en esta anterior entrada) Pero razonar y explicar con frases largas…no tiene sentido, (sobre todo hasta los 6 años de edad) y menos, cuando tras los razonamientos el niño/a consigue al final lo que quiere. Menos razones y más actuaciones. 

3. CENTRARNOS EN LO NEGATIVO

Hora de la comida. El niño ha comido el primer plato (sopa con fideos) estupendamente y cogiendo bien los cubiertos y sin manchar nada,… en el segundo plato, carne con salsa, derrama algo de salsa y se mancha… ¿Cómo solemos reaccionar? Ante el primer acontecimiento no solemos decir nada… (¡y se ha comido la sopa sin derramar casi nada!) y ante el segundo… ¿no solemos reaccionar, “pero hijo, ten más cuidado… Ya te has manchado el jersey, y lo acabo de lavar…”  Nos centramos en la parte negativa, les damos “atención” cuando hay algo que va mal… 

Quitando “hierro” al asunto, es normal que los niños se manchen con la comida, es normal que a veces no puedan, es normal que se equivoquen, que lloren,… y es normal que tienten a ver hasta donde pueden llegar en la relación con el adulto. Son niños y lo que buscan es estar bien, seguros, amados y salirse con la suya (vamos, como nosotros, los adultos, pero ellos lo hacen con más naturalidad…) y si el adulto solo está pendiente de a ver en qué se equivoca o qué hace mal para reprocharle, regañarle, corregirle… y en cambio todo aquello (ojo, que son muchas cosas) que hace bien las pasa por alto…y no dice nada… Y, sabiendo ya que el niño lo que quiere es la atención del adulto… ¿Qué lección extrae de aquí? Ya tiene ha dado con la manera de conseguir la atención…

En cambio si nos centramos y prestamos atención a todo aquello que hace bien y quitamos importancia a aquellas cosas en las que se equivoca (es decir, no le damos nuestra atención) conseguiremos varias cosas:

– Ser más felices y estar más tranquilos los adultos

– Que nuestro hijo/a sea más feliz y esté bien.

– Que aprenda que nuestra atención y refuerzo lo obtiene cuando hace las cosas que son deseables.

Todo esto acompañado del AMOR incondicional que un padre/madre siente por su hijo/a, amor INCUESTIONABLE (“Te quiero porque eres tú, hagas lo que hagas”) favorecerá que el proceso educativo sea mucho más placentero y lleno de aprendizaje tanto para los padres como para los hijos.

Hasta aquí la entrada de hoy… Me encantaría que como  padre/madre/profesional/lector dejaras tus opiniones y comentarios. Si no, te agradezco también muchísimo que te hayas parado a leer esta entrada!

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

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Author: Admin