¡Mi hijo se frustra por todo! ¿Qué puedo hacer?

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ENOJADA

Cada vez es más frecuente que veamos niños/as o en nuestros propios hijos/as comportamientos como:

Que abandona lo que está haciendo ante cualquier dificultad.

– Llora y se enfada cuando alguien le dice que NO a algo (lo que sea).

– Si va perdiendo en algún juego, se enfada y hasta puede dejar de jugar.

– Cuando algo académico o de juego no le sale evitan hacerlo con lloros y diciendo “no sé hacerlo, no me sale…” 

– Cualquier cosa que pueda ser un impedimento para hacer lo que quiere o conseguir lo que busca, supone una situación de estrés, manifestada generalmente con enfado, llantos, reproches, etc. 

¿Os resulta familiar?  Seguro que sí.

¿Qué factores pueden condicionar el hecho de que un niño tenga poca tolerancia a la frustración? 

Desarrollamos aquí algunos de los hechos más comunes:

– Desde que el niño ha sido pequeño se ha intentado por todos los medios que no presente ningún tipo de malestar emocional (Esto se suele fundamentar bajo la creencia de que “la vida ya es demasiado complicada… y ahora todavía es pequeño…”. También es posible encontrar padres con poco tiempo para estar con sus hijos/as y, que en los ratos sólo quieren que esté bien, que no le falte de nada, que disfrute siempre…

Se ha evitado que se encuentre con cualquier tipo de obstáculo en el camino (en sentido literal y figurado) facilitando que el niño no tenga ninguna fuente de estrés. De esta manera, y con la mejor intención de los padres al evitarle cualquier malestar, se va instaurando la idea en el niño de que siempre, ante la menor contrariedad, habrá alguien que se lo solucione.

– Siempre se justifica cualquier acontecimiento que pueda frustrarle (si alguien le regaña, se justifica su comportamiento; si pierde, se modifica el juego; si le dicen que no, se le da otra cosa…)

– El temperamento del niño/a hace que sea más fácil o más difícil manejar ciertos comportamientos. El temperamento define nuestra predisposición a responder al entorno y sus cambios, pero conforme crecemos se ve condicionado por los hábitos conductuales instaurados en casa, colegio, con amigos,… (Por ejemplo: si a un niño con predisposición a responder más a la defensiva, al final se le conceden sus deseos para evitar conflictos,  no solo se mantendrá esa forma de responder sino que se agravará con los años)

Ante este tipo de acontecimientos repetidos en el tiempo (y siempre bajo la realidad de que los padres actúan pensando que hacen lo mejor para sus hijos) se instaura un patrón de comportamiento en el que ante la menor dificultad (sea cual sea) el niño/a responda con llanto, enfado, verbalice expresiones como “no me lo deja, no me lo da, no me sale, no puedo,…” buscando que alguien le quite rápidamente esa fuente de malestar. 

Todo esto, va favoreciendo que estos niños vayan desarrollando:

– Poco control emocional (y frecuentes “explosiones” emocionales. Rabietas, llantos,…) 

– Más impaciencia y falta de reflexividad “(¡lo quiero ya!)”

– Demandantes y exigentes. “Mandones y tiranos”

– Poca adaptación a posibles cambios en el entorno.  “O es blanco o negro”. Poca flexibilidad de pensamiento.  

Y, ¿qué ocurre inevitablemente cuando van creciendo (inicio del cole, amigos, cumpleaños, hermanos, tareas académicas,…)? Ocurre que las fuentes de posibles situaciones de malestar aumentan considerablemente y en no todas ellas están los padres u otros adultos para resolverlas.  Lo que favorece que aparezcan todos los indicadores anteriormente mencionados, cada vez con más frecuencia. 

¿Qué podemos hacer para ayudarles a tolerar la frustración? 

– Dar ejemplo: si ven que nosotros, los adultos (sus figuras de ejemplo) somos capaces de exteriorizar nuestras emociones, pensamientos y barajar alternativas de actuación; ellos irán tomando buena nota de ello y será más fácil que repitan esos mismos comportamientos.

Decir que NO (ante aquello que consideremos). Aceptar que NO podemos conseguir, hacer, ni decir todo lo que queramos es un aprendizaje fundamental para la vida. Y aunque no nos guste, aceptar que el otro tiene el mismo derecho que yo a decir que no, aunque le genere frustración en el momento, aprenderá a tolerarla.

Animarle a expresar sus emociones “negativas” (no hacer que desaparezcan dándole lo que quiere…), a aceptarlas y a valorar alternativas de actuación; pero NUNCA ceder ante sus rabietas o demandas.

– Repetirle frecuentemente mensajes como “equivocarse es natural, todos nos equivocamos”; “Vuelve a intentarlo, saldrá bien” “Sigue esforzándote igual, al final saldrá como quieres”… Esto le ayudará a darse el derecho a equivocarse, a que otros se equivoquen y  a no frustrase por ello (Extraer aprendizaje de la frustración).

Para conseguir algo hay  que esforzarse y el esfuerzo requiere tiempo y paciencia. Que vayan asumiendo responsabilidades, esforzándose por llevarlas a cabo, es un aprendizaje muy útil para su vida académica, social, familiar y personal.

– No prestar atención cuando aparezcan los comportamientos derivados de la poca tolerancia a la frustración y REFORZAR siempre que se den los comportamientos adecuados.

Ayudarle a crecer es también enseñarle que en la vida no todo saldrá como nosotros queremos y que no por ello tenemos que “hundirnos”. Esto se aprende enfrentándote a situaciones en las que se experimente la frustración.

¿Te ha resultado útil e interesante? ¡Agradezco cualquier comentario o duda!

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

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Author: Admin