Nos separamos, ¿y nuestros hijos?

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Ocurre. A veces la pareja considera que ya ha intentado todo para continuar con la relación y arreglar lo que está fallando, pero no es posible. Y se ven en la necesidad, de separarse, de romper la relación de pareja.

Si no hay hijos, el hecho de separarse, a pesar del dolor y duelo que genere a cada uno, puede resultar algo “más sencillo”, puesto que no hay descendencia común de la que ambos son responsables.

Pero si hay hijos puede complicarse por el hecho de que, sí o sí, va a tener que continuar la relación y comunicación entre ambos. Además los hijos merecen y tienen el derecho a estar y disfrutar con los dos.

Me gustaría diferenciar antes algunas situaciones, entre otras, que se pueden dar en los procesos de separación:

  • Que sea una decisión de mutuo acuerdo. Es decir, que ambos hayan decidido que lo mejor es dejar la convivencia y la relación de pareja. Esto, en principio, si también las cuestiones legales están claras, puede augurar que haya una relación cordial entre ambos.
  • Que no sea una decisión de acuerdo. Esto que es que uno de los dos lo haya decidido firmemente y el otro no quiera por las razones que sea. Esta situación a priori, hace más probable que no cesen los reproches, que los aspectos legales sean una lucha, que el camino no sea nada sencillos y que la existencia de una relación cordial sea tarea más que compleja.

Por supuesto hay muchos matices entre estas dos situaciones, pero ya habría que ver cada situación en profundidad.

Que la separación sea más “amistosa”, en principio, ayuda a que el camino de transición con los hijos sea más sencillo. Si es el caso de una separación por decisión unilateral, la hace, probablemente, más difícil, pero no imposible.

Quiero concretar que en este escrito me refiero a aquellos casos en los que, de forma general, no haya una problemática añadida como puede ser: adicciones (drogas, juego, etc.), malos tratos, o cualquier otra situación más drástica.

¿Qué podemos hacer para que los hijos no sufran más de lo “necesario”?

  1. No mentirles ni ocultarles la verdad. Ellos saben perfectamente que algo ocurre y, muchas veces, les intentamos ocultar lo que ellos perciben que pasa. Si ven discusiones frecuentes en casa, si ven que ya no se duerme en la misma cama (en caso de que antes se hiciera), si ya no se hacen actividades en familia,… los niños se dan cuenta de que está pasando algo raro… y es mejor contarles ambos las cosas adaptadas a su entendimiento. Eso sí, ¡contarles cuando la decisión esté firmemente tomada! No les ayudamos con la duda de: “ahora nos separamos, ahora no”. Una vez que lo tengamos claro, contárselo.
    Mientras tanto, intentar si hay discusiones o hay cosas que aclarar que sea en la intimidad de la pareja, y no delante de ellos. Ellos no tienen por qué ser testigos de reproches o de las faltas de cada uno.
  2. Tener clara la prioridad. Trabajar lo más conjuntamente posible en el momento de compatibilizar el interés propio que nace de las situaciones de separación con el hecho de que lo prioritario, lo que ambos padres desean, es que los hijos padezcan lo menos posible consecuencias negativas derivadas de esta, frecuentemente, desagradable situación. Se trata de hacerles, lo menos incómodo posible, el proceso; ofrecerles las soluciones (dos casas,  o períodos de tiempo con cada parte,…). Que nunca duden del amor de los padres hacia ellos y que nunca se puedan sentir responsables o culpables de lo que está ocurriendo. Los únicos responsables son los adultos.
    Si esto no es posible porque la situación es más “fea”, tener un mediador que sirva de nexo común. Teniendo y trabajando cada uno en que NO está bien usar el menor para hacer daño a la otra persona.  Esto es fruto de la frustración y el resentimiento y solo provoca más sufrimiento.
  3. Llegar a acuerdos. En los tiempos y formas de estar con los hijos. Si es posible, acordar unas pautas educativas comunes que sirvan de dirección para ambos. Esto ayudará mucho a los niños a sentir seguridad y a saber que hay hábitos y normas comunes en ambos sitios y con ambos padres. Del mismo modo, los compromisos y pactos, cumplirlos. Es importante que la base sea sólida, para evitar más enfrentamientos y que en esto haya confianza entre ambos.
  4. No hablar mal de la ex-pareja delante de los niños. Esto es fundamental. Hablar mal o criticar a la otra persona delante de los niños solo provoca daño e inseguridad en ellos. Y si sucede en repetidas ocasiones, es posible que aprendan que, al decir algo del padre/madre, el adulto se ponga a criticar al otro y así los niños puedan lograr lo que uno no les deja, o desviar la atención a otra cosa,… Es totalmente recomendable que lo que haya que hablar lo hablen los adultos, y no con los niños. Ellos no tienen esa responsabilidad, no se la carguemos nosotros.
  5. Los hijos no son “moneda de cambio”. Tener claro que los hijos quieren a sus padres por encima de todo. Eso no va a cambiar. De esta manera, hay que evitar posibles “chantajes” derivados de querer pasar más tiempo con ellos, o del miedo a que nos “dejen de querer” porque pasamos menos tiempo del deseado con ellos y darles todo lo que pidan. Educar y enseñar normas y hábitos no está reñido con pasar tiempo divertido juntos, aunque éste sea limitado en determinadas épocas del año.
  6. Respetar a la otra persona como ex-pareja y madre-padre de nuestros hijos. Se puede mantener una relación cordial y respetuosa con quien fue nuestra ex-pareja, por el bien común y, sobre todo, por el de los hijos. Hay que tener los límites entre ambos claros y buena voluntad que se deriva del hecho de ver a los hijos bien.
  7. Saber darse tiempo. El duelo o no de la separación es de cada uno y es personal. Por tanto respetar este tiempo de cada uno será básico para que luego, más adelante, se llegue a esa relación cordial deseada por el bien de los hijos/as.
  8. ¿Y si aparece una nueva pareja? Cuando esto ocurra, es el padre o madre quien ha de comunicarlo y contárselo a la ex-pareja y a los hijos. También, de la misma manera, es quien debe compartir con su nueva pareja cómo la situación y acuerdos con la ex-pareja, para que pueda sumarse a dichos acuerdos, si es posible. Hacer las cosas sin la intención de dañar a la otra persona es básico.
  9. Pero,¡¡no es nada fácil!! No, no lo es. Cuando sea muy complicada la comunicación entre la ex-pareja, la figura del mediador es fundamental, partiendo siempre del principio básico y fundamental de que ambos padres aman a sus hijos y desean que estén bien. Muchas veces, gracias a esa base, todo lo imposible, se vuelve complicado, para hacerlo cordial y posible. En estas situaciones, pedir ayuda, por tanto, es básico para la convivencia de los niños con los adultos y para que todo se desarrolle de la forma menos mala.

Si lo has leído, ¡ojalá te ayude y te haya gustado! Puedes compartirlo, comentarlo,… ¡todo es bienvenido!

¡Muchas gracias! 

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
www.psicopedagogiapardillo.es

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Author: Admin

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