¡¡Qué me atiendas!!

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Utilizo el genérico  femenino para referirme, siempre a ambos sexos.
En este texto,me estoy refiriendo a cualquier niña que no tenga

la condición déficit de atención con o sin hiperactividad.
Por supuesto, en estos casos resulta todo mucho más complejo.

 

¿Cuántas veces te descubres gritando a tu hija porque no te atiende como tú quieres que te atienda?

Ya sea haciendo sus deberes, cuando le hablas y no te escucha, cuando vais por la calle, cuando hay que cenar, cuando…

Hoy, simplemente me gustaría invitarnos a reflexionar sobre la atención…

¿Cuánto de atenta estás tú? Sí, una pregunta algo rara. ¿Cuánto de atenta estás tú cuando tu hija cuando te habla? ¿Cuánto de atenta estás tu cuando estás viendo la televisión? ¿O cuándo vas conduciendo y no puedes dejar de mirar el móvil? ¿Cuándo estás con la tablet/el ordenador? ¿Cuándo estás pensando en tus cosas? ¿Cuándo estás trabajando? ¿Cuándo me hablas y estoy con el whatsapp? ¿Cuándo tomamos café y estoy pendiente de si el móvil me da alguna alerta?,…

¿Realmente estamos con la atención plena en algo? ¿Sabemos ya las personas estar atentas a algo? Y lo que es más difícil… ¿podemos mantener esa atención un rato; y un rato largo, con paciencia y constancia?

Son algunas preguntas, que como adulta y como profesional del ámbito educativo, me planteo desde hace tiempo… Me las planteo para mí, y para el que ha sido mi trabajo con escolares.

Y la respuesta que me doy es compleja y se relaciona con varias cosas:

  1. No es justo pedir lo que yo no hago.
  2. Se supone que los adultos podemos estar concentrados. Se supone, solo.
  3. Tenemos tanta estimulación a nuestro alrededor que se nos hace muy complejo estar “a una cosa”.
  4. Tantos quehaceres que siempre corremos, de un lado a otro, de una tarea a otra, sin pararnos ni un segundo. Y, lo que es peor, sin disfrutar de nada, ¿cierto?

Si estás de acuerdo con estas respuestas e incluso puedes añadir alguna más,… estamos en disposición de seguir planteándonos aspectos y para entender cómo y cuánto de complicado es para una niña, y más en los tiempos que corremos, prestar atención y mantenerla.

Una pregunta interesante para hacernos,… es ¿les permitimos que aprendan a “estar sin más”, a no tener que estar haciendo algo porque sí? O, también por nuestra premura, ¿les instamos a hacer o ir apresuradamente a todo? Corriendo, ellas también siempre corriendo, sin pararse nunca.

Por otro lado,… ¿cuántos estímulos tienen hoy en día las niñas? Televisión con series y programas cada vez más activos, la tablet, el móvil desde que son bebés en la mano, la play, la wii, millones de juegos (que ni saben/sabemos que tienen), etc. Y van de una cosa a otra, corriendo, que es lo que les enseñamos a hacer desde la más tierna infancia. Incluso cuando algo les gusta, suelen cambiar rápido… sin aguantar tiempos prolongados haciendo la misma cosa. Todo invita a la rapidez.

Imaginaos cuando tienen que prestar atención si hacen o les pedimos que hagan cosas menos atractivas, como los deberes (y todas las horas que actualmente requieren), cenar sentada, leer, etc.

Quiero explicarme bien. No digo en absoluto que la responsabilidad sea nuestra, sólo me gustaría reflexionar en la parte que si tenemos (reitero que me refiero a la generalidad, y no en aquellas personas con déficit de atención, que es tema diferente).

¿Cómo podemos ayudar, desde “nuestra parcela”, a aumentar su atención?

  1. Dar ejemplo. Siempre. Si a nosotros nos cuesta, lo podemos trabajar. Cuando estés con ellos, estemos atentos 100% y con concentración plena.
  2. Cada vez que puedas evitar correr y el estrés, hagamoslo. La calma es parte importante del proceso atencional.
  3. Intentemos no hacer mil cosas a la vez. Y dedicarnos tranquilas a lo que estemos haciendo en ese momento.
  4. No les digamos las “100” cosas que tienen que hacer. Las instrucciones, mejor una a una. Así nos aseguramos que las harán y que no las olvidarán.
  5. Limita su exposición a la tecnología. Y favorece el juego autónomo y en compañía; puzzles, etc. La tecnología está bien, pero abusamos de ella. Incluso también, puedes intentar ponerte tú unas horas “sin móvil”. ¿Te atreves? 
  6. Reforcemos cuando mantienen la atención y están atentas a algo.
  7. No grites. El grito no ayuda nunca. Y entrena tu atención y la suya.
  8. Relajémonos y así nuestras hijas, también lo harán.

¿Te ha parecido interesante? Ojalá sí.

¡¡Gracias por leer!!

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
www.psicopedagogiapardillo.es

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Author: Admin

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