¡¡¡Que no se llora!!!

ComparteShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn

¿Has visto o tienes cerca al “típico niño” que llora por prácticamente todo? te-lo-dije

Porque no le sale algo, porque alguien le dice que no, porque le quitan algo, porque quiere ver algo en la tele, porque quiere cenar otra cosa, porque le apetece una ‘chuche’, porque no juegan a lo que él quiere, porque no le dejan jugar, porque tiene que esperar, porque la sopa quema, porque está cansado, porque no le puedes coger en brazos, porque otro niño le ha gritado, porque no le dejan un juguete, porque le pegan, porque le ‘chinchan’, porque no consigue lo que quiere,…

Y además, su llanto parece ser de esos que se ‘clavan’ en los oídos y tienen la cualidad de cada vez que los oyes, solo consiguen que te en-rabietes y grites… “¡¡¡Qué dejes de llorar!!!, ¡¡¡Eres un llorón!!!” mientras te acercas muy enfadado  y con el dedo apuntando hacia tu hijo… ¿Te resulta esta escena familiar?

¿Para qué llora tu hijo? 

Tu hijo llora desde el nacimiento. A través de él te dice que “ha nacido” bien y hasta que es capaz de hablar te va informando de su estado. Si tiene hambre, sueño, pis/caca, si está asustado… Y nosotros, los adultos, vamos respondiendo a ese estado, generalmente, satisfaciendo esa necesidad y dando mucho cariño y amor. El llanto es una llamada de atención, que nos dice al adulto, ¡Eh, mi hijo necesita algo! Y corremos en su busca.

Conforme van creciendo, el llanto sigue siendo el primer recurso utilizado para mostrar el malestar, que puede venir de la fuente que sea; un objeto, otra persona, uno mismo… y también una respuesta al dolor, al miedo, etc. El llanto, como recurso para decir ¡algo me está pasando y no sé que hacer, solo sé llorar!

Identifica el tipo de llanto

Identificar el tipo de llanto del niño es fundamental para poder dar respuesta a él. No es lo mismo el llanto del dolor (por una caída, por estar enfermo,…) o del miedo (por temor a que ocurra algo desagradable) que el llanto por desear algo que no tiene, por que le digas que no, etc.

El primer tipo de llanto es necesario aliviarlo cuanto antes, porque es una NECESIDAD fisiológica y de seguridad. Y el niño necesita saber que donde está es sitio SEGURO.

El segundo, si siempre le cedemos la cara, por evitar el malestar del niño (y que nuestros oídos estallen) dándole lo que pide o prestándole toda la atención que demanda, le estamos mostrando que para hacer frente a su malestar y que le “solucionen” lo que ocurre, lo mejor que puede hacer es expresarlo (es como mostrarle que para qué va a aprender otras estrategias de hacer frente a las cosas, si puede llorar y más tarde o más temprano, con más o menos enfado,… logrará lo que quiere).

¿Cómo podemos actuar?

Lo primero y más importante es disponer de una(s) estrategia(s) y que las utilicemos SIEMPRE. La coherencia enseña más que cualquier cosa. Y, si a veces actuamos de una manera y otras de otra diferente, no dejaremos a nuestro hijo aprenderlo.

Somos humanos, nos equivocaremos y no pasa nada, porque tenemos claro lo que queremos y que sobre todo está el AMOR hacia el niño. Y admitirse imperfecto también ayuda al niño a hacer frente a muchas cosas.

Aquí van unos consejos para afrontar el segundo tipo de llanto (el de las rabietas, frustración, etc.)

1. AMAR, AMAR, AMAR. Y COMPRENDER que son niños y que necesitan tiempo y guía para aprender. Este es el principio y fin de todo.

2. Mantener la calma (El primero… ¡¡y el más difícil!!). Si el adulto se pone nervioso también… ¡se consigue es lo contrario a lo deseado!

3. Ofrecer instrucciones claras: “Necesito que te calmes para poder hablar contigo” Y por muy duro (para los oídos y persona) aguantar lo que dure el llanto, sin estar encima de él ni repetirle lo que ha de hacer… De vez en cuando con serenidad, podemos repetir “Necesito que te calmes para poder hablar contigo”.

4. Según la situación y el temperamento del niño este proceso puede tardar más o menos… (cuanto más estable sea esta respuesta, menos tiempo durará cada vez la rabieta). Cuando está calmado, sin enfados, nos acercamos e intentamos hablar de lo que ha pasado. Expresar las emociones es FUNDAMENTAL y hablar de cómo nos sentimos (ellos y los adultos).

5. Ofrecerle una alternativa. Cuando te vuelva a pasar, ¿qué puedes hacer en vez de llorar? (A fin de cuentas el primero que no está bien cuando llora es el propio niño).

6. AMAR, AMAR, AMAR. Y COMPRENDER que son niños y que necesitan tiempo y guía para aprender. Este es el principio y fin de todo.

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

Nota: En el texto, se utiliza el masculino para referirnos tanto al sexo masculino como femenino, para evitar la repetición excesiva de niños/as; hijos/as, que se haría muy extensa.
ComparteShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn

Author: Admin