¿Cuántas veces tengo que repetirte que te pongas a hacer los deberes? ¡Vamos!

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Una tarde cualquiera de cualquier deberesmes escolar… 

Hora de salida del Colegio/Instituto (o actividades extra-escolares).  Vas a recoger a tu hijo/a o va él/ella, caminando o en la ruta escolar, de vuelta a casa.

Madre/Padre:

“¿Qué tal hijo/a? ¿Cómo ha ido tu día? ¿Interesante? ¿Meriendas algo? ¿Tienes muchos deberes?…
Venga, meriendas algo viendo la tele y te pones con ellos. Cuanto antes los hagas, antes puedes hacer otras cosas. Y que no se te olvide repasar lo que has visto hoy en clase para  ir estudiando día a día…”

Pasa una hora…

“¿Pero todavía estás así? ¿Con la cantidad deberes que tienes y sigues con la tele? ¡La apago ahora mismo!”

Hijo/a:

“Que sí, que ahora voy… solo estaba descansando un rato. En cuanto termine esto voy…”
Luego que si juego con el móvil, que si voy haciendo algo mientras, que si voy a dar conversación a mis padres, hermanos…

Total, que nos dan las 19.00 o las 20.00 y… “¡¡mi hijo/a aún no ha hecho los deberes!!” Y ya, se desata el “infierno” en casa. Gritos, enfados, recriminaciones, castigos (que muchas veces no se cumplen…) … y es entonces, cuando por fin “entra en razón” y se pone a hacerlos…

Pero, cuando por fin se pone a hacer los deberes… escuchamos quejas, enfados, reproches… (“no sé hacerlo, no lo comprendo, ¡¡mamá, papá, ayuda!!”) Y cuando acuden en su ayuda, acaba siendo una situación problemática también porque puede no entender un problema, o una explicación… Y se oyen reproches como… “¡siempre lo dejas todo para el final, no prestas atención, no te enteras!”

Y lo más desesperante para padres e hijos… esta situación tiende a repetirse varios días de la semana (por no decir todos…)

 ¿Os resulta familiar algo de esta situación? ¿Sii? 

Y… ahora… ¿Te atreves a cambiarla? 

Cada situación varía en función, como es lógico, de las dificultades específicas que tenga el escolar (atencionales, comprensivas, intelectuales), de sus características personales y del entorno en concreto (respuesta del adulto, reforzamiento de la conducta…) No obstante, como esta entrada es general optaremos por analizar las situaciones desde la mayor generalidad posible, pudiéndose adaptar a cada caso.

1. Entiende por qué tu hijo/a intenta demorar los deberes.

¿A quién le gusta tras la jornada laboral, seguir trabajando al llegar a casa? ¿Trabajaríamos horas extra en casa todos los días, sin ver más reconocimiento, más salario, más ventajas en la oficina? Probablemente NO, ¿verdad? o ¿qué limite tiene nuestro ‘masoquismo’?

Ya, lo sé,… seguro que estás pensando… Pero “¡si su ÚNICA OBLIGACIÓN es estudiar y aprobar!” Primera dificultad… verlo y vivirlo como una obligación. ¿Cómo hacemos nosotros las cosas cuando pensamos que estamos obligados a ello? ¿No lo hacemos entonces ‘de peor gana’, queriendo ‘acabar cuanto antes’? Si, ¿verdad?
¿Podemos entender un poco más ahora, que traten de demorar ese momento? ¿Sólo un poco?

Hay niños/as que desde pequeños han ido desarrollando el hábito de hacer los deberes y estudiar al llegar a casa y otros, por diversas circunstancias, han visto más ventajas en demorarlos y, aunque al final acabe en “disputa” con los padres, en hacerlos como buenamente pueda al final…demasiado rápido…
Y, estos últimos son, sobre todo, los que nos ocupan en este punto.

2. Establece una norma básica ante la llegada del Colegio y realización de tareas.

Una vez entendemos que NO es una OBLIGACIÓN, sino que es una ELECCIÓN PERSONAL (hacerlos o no) establecemos las consecuencias a los comportamientos deseados.  Es decir:

– La TV, ordenador, móvil… se ven cuando los deberes estén hechos.

– Se sale a la calle cuando se han terminado las tareas.

– ….

Lo que lleva implícito que mientras no se hagan los deberes y se estudie, nada de eso tendrá lugar… Por supuesto, no se ve la tele mientras se merienda, ni se juega,… Todo esto, vendrá después del esfuerzo invertido en realizar las tareas.

En este punto estamos trabajamos varias cosas:

Respeto a las normas establecidas por el adulto (el ocio -tele, videoconsola, ordenador… se obtiene cuando se han hecho los deberes y se ha cumplido con las responsabilidades -que no obligaciones-)

Libertad en la toma de decisiones. Si el escolar quiere tener un rato de ocio con la tele, móvil, consola, salir a la calle… elegirá hacer los deberes (y a todos nos gusta tener ratos agradables). Y si no los hace sabrá que no podrá disfrutar de esas ventajas. Así también estamos trabajando que el escolar tome decisiones en función de las consecuencias de sus comportamientos (aspecto básico en todos los ámbitos). En último caso, si decide no hacer los deberes, los adultos debemos mantenernos firmes en las consecuencias y permitir también que las consecuencias naturales “hagan su trabajo” (regañina del profesor, mala nota…) Es decir, los deberes son suyos, NO nuestros. Y si damos la oportunidad a los escolares de sentirse y saberse responsable, su desarrollo a nivel conductual será más adecuado.

Lo sé… ahora puedes pensar… ¡Pero cómo le voy a dejar que NO haga los deberes!

Tu hijo/a es listo/a. Y quiere hacer cosas que le gusten (como todos). Si ha estado más  acostumbrado a ambientes de regañinas constantes por los deberes… con el cambio intentará retarte y es posible que esté un par de días sin hacer los deberes. Ahora bien,  cuando vea que tú, el adulto, calmadamente aplicas las consecuencias establecidas… asimilará que lo mejor que puede hacer, si quiere obtener y hacer aquello que más le gusta, es cumplir con su responsabilidad (-que no obligación-) de hacer los deberes y estudiar.

Esta es la mejor manera de favorecer que tu hijo/a haga de la tarea de hacer los deberes un hábito. Recuerda que si antes de hacer los deberes tiene aquello que quiere (tele, ipad, consola…), nada le ‘motivará’ para invertir ese importante esfuerzo en hacer los deberes y estudiar (Recuerda: ha madrugado como tú,… ha estado trabajando bastantes horas como tú…, y encima… al llegar a casa… ¡tiene que trabajar más!)

Y recuerda también… ¡Son sus deberes y sus exámenes, no los tuyos!

3. Una vez está haciendo los deberes le cuesta mucho y acabamos discutiendo… ¿qué hacer?

Bien, en este punto distinguimos al escolar que tiene alguna dificultad detectada e identificada (atencional, intelectual, de comprensión lectora,…)

Si nuestro hijo/a tiene alguna dificultad concreta evidentemente es necesario ayudarle a adquirir estrategias que le permitan desenvolverse con el mayor éxito posible en las tareas. En este punto puede ser interesante buscar un apoyo Psicoeducativo externo.

Y, desde casa, ¿qué podemos hacer? 

Establecer tiempos limitados de deberes (un niño/a no puede estar 4 horas haciendo los deberes…)

Revisar con él las tareas que tiene que hacer y valorar en cuáles puede tener dificultad y ayudarle en ellas. 

Empezar por las más difíciles (ya que en este momento su capacidad de concentración será más alta)

– En aquellas que pueda hacer solo, dejarle solo. Establecer tiempos, etc. Pero que las haga solo. Hay que favorecer la autonomía, también en las tareas escolares.

– Ante las frustraciones (de los niños con alguna dificultad y de los que no las tengan), no caer en la tentación de “enfrentarnos con él” o de “dorarle la píldora”. Puede ayudarle a tolerar la frustración explicarle “que a todas las personas se nos dan unas cosas mejor que otras, que unas nos cuestan menos y otras más… “ Se recomienda NO entrar en la dinámica de atender su frustración sino en la dinámica de REFORZAR cuando es capaz de tolerarla (esta es mucho más útil para los deberes y para la vida).

Que… ¿se pone a llorar en mitad de un problema porque no sabe hacerlo? En ese momento lo que podemos hacer es entenderle (con calma): “entiendo que te pongas triste o enfadado porque esto te cuesta, pero vamos a hacerlo, así que cuando se te pase y puedas estar tranquilo, yo te ayudaré” Esto es una instrucción clara y sencilla [en el fondo lo que te está transmitiendo con la frustración es que no quiere hacerlo porque no se ve capaz. Ayudarle a manejar esto es muy importante para todo. Y nosotros le devolvemos con calma que es necesario hacerlo y que para ello ha de intentar estar tranquilo]

Cuando se calme, le reforzamos y volvemos a la tarea. Sin prisas, sin enfados. Enseñándole y mostrándole que con calma y tranquilidad también se hacen y se llevan mejor las cosas (otro aprendizaje útil, para los deberes y para la vida)

Una vez se han hecho los deberes o se ha terminado el tiempo acordado en el que se ha invertido el esfuerzo… Llega el importante momento de REFORZAR el comportamiento: el esfuerzo, la atención prestada, la lectura que se ha hecho… El refuerzo lo más poderoso para que el comportamiento se repita. Y, tras el refuerzo verbal o gestual del adulto, es el momento de que el escolar pueda disfrutar de la tele, la consola, el ipad… ¡Merecido premio tras tan buen esfuerzo! 

El objetivo es enfrentarse a los deberes con CALMA y TRANQUILIDAD, tanto el adulto como el escolar. 

Puede parecer complejo al principio, pero con el tiempo, saldrá solo y el hábito de hacer los deberes y de hacerlos con esfuerzo y sin llamadas de atención será una realidad. Y con el desarrollo del hábito de hacer los deberes también estamos trabajando ¡¡habilidades fundamentales para la vida!! ¡¡Toda situación es una oportunidad de aprendizaje, estemos atentos para aprovecharlas!!

¿Te atreves a intentarlo?

Me encantará leer tus opiniones y experiencias!

Gracias, como siempre por leer y por estar por aquí, ¡es todo un lujo!

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

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Author: Admin