Si tu me dices ven… lo dejo todo. Pero todo, todo.

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atencion

Dejar a la persona que está al otro lado del teléfono esperando y ponerte a responder A tu hijo/a…

Dejar de hacer la compra, comida, limpieza, tomar un café para atender lo que demanda tu hijo/a…

Cambiar de canal (lo que estás viendo en un momento determinado, que te interesa) por hacer que tu hijo/a se calle…

Dejar de hablar con tu pareja para responder a lo que pregunta tu hijo/a…

Dejar tu plato a medias para darle a tu hijo/a el muñeco que está reclamando con sollozos…

… Y un sinfín más de situaciones cotidianas como esta…

¿Te resultan familiares estas situaciones? ¿Sí?

¿Intentas decirle a tu hijo/a que espere, y enseguida se pone a llorar (gritar…) y tienes que atender su demanda, dejando lo que estás haciendo en ese momento?

Si la respuesta es afirmativa, efectivamente el comportamiento de tu hijo es impaciente y tu comportamiento es demasiado complaciente con él. La justificación a tu comportamiento puede ser cualquiera… desde “pobrecito/a, necesita ahora mi ayuda para…”; “tiene hambre ahora mismo…”; “no soporto sus lloros”; “Me pongo nerviosa/o, por lo que hago lo que el quiere para que me deje tranquilo”; “se lo doy y así se calla”… y un sinfín más de pensamientos de este tipo que te pueden rondar por la cabeza…, ¿es así? ¿Sí?  Entonces estás metido/a en la vorágine y en el círculo vicioso de “si lloro, grito, me dan lo que quiero en el momento que quiero, por lo que si siempre lo hago, siempre conseguiré lo que quiero…” Vorágine poco beneficiosa para tu hijo/a y para los padres, porque se entra en sentimientos y emociones como rabia, enfado, frustración,… (tanto el niño/a como los padres) que generalmente acaban en gritos, peleas, castigos exagerados,… Cuando, si somos capaces de trivializar (se aprende también a hacerlo) el niño/a sólo demanda lo que quiere en ese momento y no sabe (porque no dispone de estrategias) enfocarlo de la manera más adecuada.

Educar, como ya hemos visto en anteriores entradas es un proceso complejo, largo y que requiere de mucha paciencia, comprensión, amor y de normas y límites, de autoridad (ojo, no autoritarismo. Puede venir bien recordar esta entrada al respecto)

Al igual que nosotros (adultos), el niño/a dirige sus actuaciones a conseguir lo que le apetece en el momento que le apetece. Lo que quiere es tener cubiertas y satisfechas sus necesidades y dirige sus actuaciones hacia ello. Con la diferencia de que los adultos hemos ido aprendiendo (suponemos) a demorar, a esperar, a planificar, a tener en cuenta las necesidades de quienes tenemos alrededor y nos importan… Pero, todo esto los niños no lo saben y no pueden aprenderlo si no se les enseña y no se les da la oportunidad de practicar. ¿Y quién tiene la responsabilidad de educarles y darles tiempo para aprender? Nosotros/as.

¿Qué estrategias podemos utilizar para mejorar este “círculo vicioso”?

1. Tener paciencia. Si los adultos no mostramos paciencia, no podemos transmitirla ni, mucho menos, exigirla (como hacemos muchas veces) a los niños. ¿Cómo podemos entrenar la paciencia con ellos/as? Piensa, que quien tienes delante es un niño/a, que cuando vino al mundo, llegó sin saber nada y dispuesto/a a aprender todo de tí (como un terreno vacío que hay que ir edificando con sumo cuidado y amor). Piensa que además es tu responsabilidad (sobre todo los primeros años) iniciar esa edificación con una base firme y sólida…

Déjame preguntarte algo… ¿Notas algo parecido a una sensación de placidez y ternura al leer estas frases? ¡Bien! Estos pensamientos en los momentos “más críticos” te ayudarán a controlar-te y a ver que tu hijo/a está deseando hacer las cosas autónomamente y bien, pero que ha de aprender.

2. Di “NO” a los lloros. Si tu hijo/a demanda algo razonable y tras una invitación a “esperar un momento” lo empieza a demandar llorando, repite calmada y pacientemente (no hace falta repetirlo constantemente) “Cuando dejes de llorar, podrás tener eso que quieres”. Este entrenamiento, como ya te habrás dado cuenta, es más para los padres (que pueden en algún momento perder el control y nervios). Si notas que pierdes los nervios, acuérdate de los pensamientos del punto anterior. Y ten en cuenta que si nosotros cambiamos nuestra forma de actuar, ellos cambiarán sus formas de reaccionar. De otra manera, no ocurrirá. 

3. Di “Cuando acabe de hacer… (lo que estés haciendo) me lo cuentas (me lo pides, te podré atender)”. Es importante que tu hijo/a aprenda que no siempre se le va a poder hacer caso cuando así lo quiera. En la vida no siempre se consiguen las cosas en el momento que las deseamos (este aprendizaje es muy importante) y no por ello hay que gestionar esa situación con frustración (sentirnos mal, llorar, gritar…). Si te mantienes firme y calmado/a y le transmites ese mensaje, tu hijo/a irá aprendiendo a esperar, aunque no le guste. Y poco a poco las manifestaciones de frustración, ira o enfado irán disminuyendo y desapareciendo.  Pero esto requiere que tú te mantengas tranquilo, firme y constante en el mensaje que transmites. Muchas veces cuesta, sí… pero lo que hay que ganar es mucho. Y practicando, se cambia y se hacen hábitos.

4. Aprende a decir y mantener el “NO”. Cuando algo te parece que no es beneficioso para tu hijo/a, cuando algo de lo que pide o quiere te parece desproporcionado o no puedes dárselo, o no te parece educativo… El “NO” puede reflejar mucho amor también. Cuando consideramos que algo puede perjudicar a quien queremos (a su desarrollo, a sus aprendizajes, al aspecto que sea…) lo que mejor podemos hacer para demostrar el amor que le tenemos es poner límites. Di “NO” pacientemente y con firmeza. Mantenlo con la misma paciencia y firmeza y no cedas a los lloros, gritos o a las demandas repetitivas. Puede agotarte “psicológicamente” (en ocasiones), pero es la mejor manera de EDUCAR y de que tu hijo/a aprenda a esperar, a entender que no siempre se consigue lo que se desea en el momento que uno quiere.

5. El “AMOR” no se cuestiona, NUNCA. Las normas y los límites (coherentes) son una demostración de AMOR. No quieres más a tu hijo/a por darle todo lo que pide… (flaco favor les hacemos en estos casos…). Y cuando le dices que NO, cuando le aplicas una consecuencia por haberse comportado de una manera inadecuada,… también le estás mostrando AMOR, del bueno. Si todo lo intentas transmitir con paciencia, comprensión y AMOR (lo sé, supone mucho entrenamiento de cada uno de nosotros/as). Ante la posible pregunta de… “Pero, ¿por qué no me dejas…”? La respuesta puede ser “PORQUE TE QUIERO””

Y siempre, siempre, siempre, ten en mente que SOMOS UN ESPEJO PARA ELLOS/AS. LO QUE NOSOTROS HAGAMOS Y CÓMO LO HAGAMOS, ELLOS LO VAN A REPETIR (aunque les digamos otra cosa… el ejemplo es lo más influyente).

Tomar conciencia de esto y practicar para cambiar aquello en lo que podemos estar equivocados, será un beneficio para nosotros/as y, sobre todo, para los pequeños/as.

¿TE ATREVES A INICIAR EL CAMBIO? #Cambiaelchip 

 

Gracias, gracias por leer y estar aquí!

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

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Author: Admin